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martes, 14 de mayo de 2013

Érase una vez...

     Era un día de verano con una fuerte tormenta, pero aún así hacía calor. Aunque de todas maneras, mi abuela no nos dejaría salir a jugar al patio. Las tardes de lluvia eran para quedarse en casa y esperar a que pasara la tormenta.
    Aburridos de jugar al parchís y las cartas, mis hermanos y yo decidimos que era hora de pasar a la acción y no hay nada mas emocionante ¡que jugar al escondite! Con sigilo subí las escaleras que llevaban al desván y entre muebles viejos, mucho polvo y periódicos de hace décadas encontré el baúl, perfecto para esconderme y que estuviesen un buen rato buscándome. 
    En realidad, me encontraron muy rápido porque menudo tinglado el que armé, sacando pañuelos, vestidos, bolsos, zapatos... ¡de todo! 

   Pues bien, así os doy la bienvenida a mi pequeño rincón, donde entre miles de retales e historias os iré contando las cosas que he ido encontrando en este baúl.